El rey Kronos siempre fue muy caprichoso. Quita y da, permanece y desaparece de los seres, pero está y a veces se hace sentir con todo su rigor, agobia.
El hecho de que alguien deje de ser tampoco lo inmuta, él seguirá y continuará, se repetirá a sí mismo indefinidamente; es prácticamente como la eternidad, es el reflejo del no tiempo, su contracara visible.
Desde lo pequeño del ser humano nos damos cuenta que las cosas sin duda nos sobrevivirán, pero él a su vez lo hará con ellas. No tiene apuro.
Su dinastía no se extinguirá y si lo hiciera, ¿qué importaría? Nadia podrá saberlo.
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