miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sentimiento perdurable

Antes de que ella se enamorara ya se conocían. Fue una mañana de verano, en la institución en la que se profundizaría su relación humana. Trabajaron juntos con un equipo hasta pasado el mediodía programando todo un año de tarea educativa. Fue el comienzo.
Siguieron varios años del día a día, del encuentro casual y laborioso, del compartir e intercambiar experiencias, gozos, críticas propias y ajenas, de cansancio, alegrías, solaz y lenta madurez.
En una ocasión ella no apareció por varios días a trabajar y cuando él fue a la pensión que la alojaba la encontró postrada y muy afiebrada, en un estado casi de abandono.
Coraje, afectos, medicinas y varias manos solícitas lograron la recuperación en aquella primavera en que renació como lo hacía simultáneamente la naturaleza.
Se casó, amó y fue amada en su relación de pareja todo lo intensamente que les permitieron sus límites, dedicación y capacidad. Llegaron a lo máximo posible y lo llevaron a cabo lográndolo en la cotidianeidad del detalle mutuo.
En una ocasión llegaron algunos nubarrones que desataron la tormenta y luego el granizo, y con ello le demandaron ciertas prohibiciones casi absurdas entendidas desde los parámetros comúnmente legibles pero que en alguna estrella, quizá, alguien sabrá interpretar, ya que nunca justificar, bajo ninguna ideología ni actitud humana coherente aquí terrestre. Las acató por amor aunque no sin sufrir. Así continuaron y su dedicación resaltó la opción asumida alguna vez. Fue algo admirable y lo más parecido a un final.
...Yo pensé que nunca alcanzaría a tangir con certeza cierta actitud, pero es posible que sí porque en el amanecer del olvido perduraban los sentimientos y el respeto de siempre.
Seguí subiendo, no sin esfuerzo, y desde la cima contemplé las laderas aterrazadas y descendentes de la ciudad. En la lejanía el valle de las rosas, el caudaloso río y su cascada lenta, brillante y oponente; así como la vida y la amistad que nace, muere y perduran en el espacio infinito de la serena claridad.
Lo que se ve sucediéndose a sí mismo perdura en la vivencia inagotable de haber sido.
Alguien más que yo, entenderá su devenir y su secuencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario